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SERVICIOS
Dispersión de sólidos
Los aviones específicos cuentan con un dispersor diseñado para esparcir (con uniformidad) distintos tipos de materiales sólidos, tales como:
* Semillas: siembra de arroz pre germinado, avena sobre soja u otros cultivos, pastoreos en terrenos bajos o de difícil acceso.
* Fertilizantes: urea hasta densidades de 200 Kg/hectárea y cualquier otro tipo de fertilizantes. Dispersión rápida y efectiva sobre cualquier cultivo.
* Cebos tóxicos
Cultivos de Cobertura, La Herramienta que Crece

Desde hace décadas se ha desarrollado el concepto de “cultivos de cobertura” como solución a los barbechos con suelo desnudo y que enfrentaban eventos climáticos altamente erosivos durante largos periodos en el año, ayudar a recuperar la estructura del suelo y la materia orgánica, facilitar el control de malezas u obtener, a la par d los beneficios anteriores, un beneficio económico.
Estos cultivos incluyen tradicionales cultivos forrajeros de invierno como cebada, centeno, avena, trigo, entre otros.
No obstante, puede que el principal beneficio que en la actualidad pueden aportar los cultivos de cobertura, es la capacidad de consumir agua acumulada en nuestro perfil. El agua de las precipitaciones que entra en nuestro suelo y no es consumida por ningún cultivo contribuye gradualmente a la elevación de napas, causando serios problemas en muchas regiones productivas del país e incluso, afectando también zonas urbanas. Si bien se reconoce que en años normales el consumo hídrico de los cultivos de cobertura durante el invierno puede interferir en la oferta de agua para el cultivo siguiente en las primeras etapas del mismo, estas se acentúan en años con abundantes precipitaciones, pudiendo los cultivos de cobertura consumir parte de un exceso de agua, minimizando el impacto erosivo de las lluvias.
Avena: se puede aprovechar para el consumo de ganado durante un largo periodo de tiempo, incluso si se encuentra panojada y granada dado que conserva una buena calidad como forraje.
Centeno: también es utilizado para la producción de pasto y eventualmente la obtención de grano; o sólo para grano. El Centeno se caracteriza por su rusticidad, adaptación a la sequía, bajas temperaturas y suelos arenosos.
Cebada Forrajera: con destino doble propósito para la producción de pasto y grano. Presenta mayor precocidad, mayor tolerancia a condiciones de salinidad del suelo, mayor respuesta productiva en ambientes buenos y excelente relación cantidad/calidad de forraje.
Trigo: si bien su destino principal es la obtención de grano, por resultar algo más costoso, en años en que el mercado no es atractivo o las condiciones del cultivo no son alentadores puede ser un excelente opción forrajera.
Vicia: cultivo de cobertura muy utilizado como antecesor de maíz dado que realiza aportes considerables de nitrógeno, aporta una “cubierta protectora” al suelo y plántulas, y mejora la estructura general del suelo.
Los cultivos invernales representan una alternativa para incorporar restos vegetales ricos en “C”, promover al desarrollo del ecosistema del suelo, aumentar la disponibilidad de nutrientes para los cultivos de cosecha, etc.; pero este depende del momento del secado, corte o cosecha del cultivo. Prolongar la vida del cultivo puede contribuir a aumentar la cantidad de biomasa producida, pero puede consumir agua útil que luego nos faltará a la hora de sembrar. La decisión de que destino se le va a dar a un cultivo de cobertura debe basarse principalmente en cómo se desarrolla el año hidrológico en cuestión, dado que en nuestros sistemas productivos el principal factor limitante es el agua.
En cuanto a los nutrientes requeridos por un cultivo de cobertura y la posibilidad de que se interfiera con la capacidad del suelo de proveer minerales a los cultivos de cosecha, debemos tener en cuenta que a menos de que cosechemos parte de cultivo de cobertura los nutrientes quedan in situ, sumándose otros que son retenidos del aire como C y/o N; a lo sumo puede verse comprometida la disponibilidad de los mismos por la lenta descomposición de los restos vegetales, pero considerando que es muy frecuente la perdida de los mismos por lixiviación o volatilización, la inmovilización y lenta liberación a lo largo del ciclo del cultivo pueden constituir una gran ventaja. Si bien el ciclo de cobertura no reportara un gran beneficio económico y no se ve justificada la fertilización del mismo, debemos considerar SIEMPRE que fertilizamos un sistema productivo; es decir que, cuando hacemos un aporte externo de nutrientes a un cultivo, siempre y cuando sea ajustado a las condiciones y requerimientos, estamos de forma indirecta haciendo un aporte al próximo cultivo (nutrientes no consumidos y que quedan en la solución del suelo y nutrientes que quedan en los rastrojos). Uno de los grandes beneficios de los cultivos de cobertura, es su capacidad de mejorar la estructura y porosidad del suelo, especialmente en secuencias de monocultivo o poca rotación. Tanto el sistema radicular como el tipo de fibra que poseen, favorecen la formación de agregados más estables, poros adecuados para la circulación de aire y agua, el desarrollo de microorganismos que aportan y ponen a disposición de las plantas nutrientes, etc.
En conclusión, los cultivos de cobertura constituyen herramientas importantes para la sustentabilidad de nuestros sistemas productivos, especialmente ante adversidades meteorológicas. Quizás económicamente no reditúen tanto como como otras opciones en el corto plazo, pero se compensa al poder disponer de un suelo en condiciones de producir en el mediano plazo

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